Los árboles han crecido y en derredor se deslizan los canticos de la inmortalidad.
Camino a través de los oscuros pasillos de mi mente y llego al jardín de mi existencia. Ahí vienen los recuerdos corriendo junto con el viento, se revuelcan con las flores y manchan todos mis caminos.
Me siento en una banca de mármol y miro al horizonte; mi cuerpo se queda aquí, pero mi espíritu se pierde en lontananza a través de mi mirada.
Estoy impertérrito ante las sonrisas de los demás que descienden de las nubes y se pudren en el suelo. Mi rostro sólo es un reflejo mínimo de lo que por dentro soy… un reflejo que cuenta historias silenciosas.
Ahora estoy aquí y veo a la muerte sentarse cerca de mí, me mira con tristeza como si ella quisiera morir también… su silencio oscurece el cielo y empieza a llover sangre sobre mí. Me levanto y elevo mi aliento, tratando de escapar de aquí.