domingo, 29 de enero de 2012

Lágrimas de soledad.

Vuelvo a sentir los sabores de la felicidad, la tranquilidad y la paz… pero mi cuerpo se apresuró a caer sobre el barro.

Me entretengo mirando la profundidad del cielo mientras que el viento me susurra al oído… ¿Qué me susurra? ¡Soledad!

La siento en medio de mis dedos y debajo de mis pies, se mezcla como algo viscoso y sonríe cuando lloras… esa es Soledad.

Bajo la lluvia te veo caminar y salgo corriendo para alcanzarte, pero al llegar es una simple ilusión… me estrello contra el vacío y quien camina bajo la lluvia no eres tú… sólo soy yo.

Mis manos hinchadas de tanto golpear el suelo… mis pies cansados de tanto vagar… ¿Y tú? ¿Dónde estás?

Las palabras se escurren de mi boca mientras atravieso caminos silenciosos y me disuelvo mirando las paredes que caminan a mí alrededor.

Ya no vale la pena seguir hablando, me elevo en mi silencio y mi rostro se deteriora con el tiempo. Con cada paso nace un aliento dentro de mí, un aliento que se esparce por las nubes y llueve sobre los papeles que dejado manchados con mi existencia.

No podría explicar cuán mal me siento por olvidarme de estar ahí sin importar que pasara… a tu lado. No puedo mantenerme firme para volar, sólo estoy acá afuera, buscando la mejor parte de mí… pero no la encuentro.

Los sonidos de la calle se apagan lentamente, transformándose en esta locura.

¡Pero qué es esto que siento!

Busco cosas hermosas dentro de mí, y es como mirarse al espejo y ver cada defecto, cada mancha horrible y cada lágrima que se derrama.