Los árboles han crecido y en derredor se deslizan los canticos de la inmortalidad.
Camino a través de los oscuros pasillos de mi mente y llego al jardín de mi existencia. Ahí vienen los recuerdos corriendo junto con el viento, se revuelcan con las flores y manchan todos mis caminos.
Me siento en una banca de mármol y miro al horizonte; mi cuerpo se queda aquí, pero mi espíritu se pierde en lontananza a través de mi mirada.
Estoy impertérrito ante las sonrisas de los demás que descienden de las nubes y se pudren en el suelo. Mi rostro sólo es un reflejo mínimo de lo que por dentro soy… un reflejo que cuenta historias silenciosas.
Ahora estoy aquí y veo a la muerte sentarse cerca de mí, me mira con tristeza como si ella quisiera morir también… su silencio oscurece el cielo y empieza a llover sangre sobre mí. Me levanto y elevo mi aliento, tratando de escapar de aquí.
viernes, 30 de septiembre de 2011
domingo, 29 de mayo de 2011
Nota 224: Palabras de amor.
Te encuentro cada día en las esquinas, en los parques. Te veo sentada en cada silla vacía, en cada soplo de brisa.
Ya no sufro por tu ausencia; disfruto recordar las miradas profundas que nos envolvían en la noche y nos llevaban a dulces besos que nos dábamos escondidos en la terraza de la casa de tu papá.
Te encuentro en cada letra que escribo; hace mucho que no te escucho, pero no olvido los “te amo” que pronunciaste con dulzura en las noches que dejábamos que el tiempo no fuera una barrera.
Te pienso y me doy cuenta del amor que dejé escapar… no te abracé con fuerza, y ahora me arrepiento. Siempre sueño que despierto a tu lado y me pierdo en el brillo de tus hermosos ojos… quisiera embriagarme de tu aroma.
Mi vida está llena de tus fotografías, las guardaré por siempre; miraré las líneas de tu sonrisa; me lavaré en emociones delicadas que surgen al recordar tus caricias… nunca dejarás de ser mi princesita.
Invento historias donde nos volvemos a encontrar y a amar, nos mezclamos en besos y abrazos… y mis lágrimas se resbalan por mis mejillas porque es hermoso tener tu mirada viviendo en mis sueños.
Me quedo en silencio mientras me hago viejo; no puedo perseguirte, tengo que dejarte crecer… sé que querías hacerlo junto a mí, yo también, pero fui yo quien truncó ese hermoso deseo. No quiero darte promesas y palabras, quiero cambiar y ser lo que siempre quise ser para ti.
Cuando lluevan lágrimas en ti, quiero ser el que con un suave abrazo te haga sonreír.
Estás en mí… eres el significado de mis palabras de amor.
Ya no sufro por tu ausencia; disfruto recordar las miradas profundas que nos envolvían en la noche y nos llevaban a dulces besos que nos dábamos escondidos en la terraza de la casa de tu papá.
Te encuentro en cada letra que escribo; hace mucho que no te escucho, pero no olvido los “te amo” que pronunciaste con dulzura en las noches que dejábamos que el tiempo no fuera una barrera.
Te pienso y me doy cuenta del amor que dejé escapar… no te abracé con fuerza, y ahora me arrepiento. Siempre sueño que despierto a tu lado y me pierdo en el brillo de tus hermosos ojos… quisiera embriagarme de tu aroma.
Mi vida está llena de tus fotografías, las guardaré por siempre; miraré las líneas de tu sonrisa; me lavaré en emociones delicadas que surgen al recordar tus caricias… nunca dejarás de ser mi princesita.
Invento historias donde nos volvemos a encontrar y a amar, nos mezclamos en besos y abrazos… y mis lágrimas se resbalan por mis mejillas porque es hermoso tener tu mirada viviendo en mis sueños.
Me quedo en silencio mientras me hago viejo; no puedo perseguirte, tengo que dejarte crecer… sé que querías hacerlo junto a mí, yo también, pero fui yo quien truncó ese hermoso deseo. No quiero darte promesas y palabras, quiero cambiar y ser lo que siempre quise ser para ti.
Cuando lluevan lágrimas en ti, quiero ser el que con un suave abrazo te haga sonreír.
Estás en mí… eres el significado de mis palabras de amor.
domingo, 3 de abril de 2011
Momentos de soledad.
Estaba viviendo el mejor partido de football del mundo, iba ganando con veintitrés goles de ventaja, no podían conmigo, ¡verdad que soy bueno! No han podido quitarme el balón, me acerco a la portería y pateo, el balón entra gloriosamente en el arco y grito gol con todas mis fuerzas… de repente, a lo lejos, escucho un sonido que es intruso a todo esto: “Juan Pablo, no grites”.
Era mi madre, que desde la cocina escuchó el grito que pegué y me regañó por andar gritando como loco. Me sequé el sudor de mi frente y recogí el balón que se acercaba rebotando a mis pies; el público se desvaneció, el marcador de fue volando muy lejos, y el resto de jugadores regresaron a su lugar de origen: mi imaginación.
Pensé en ir a ver televisión un rato, pero miré nuevamente la pared y vi mis deseos plasmados en las conchas de pintura que se caían suavemente, parecían cabalgar sobre el viento. Me di cuenta que entonces la realidad se me aparecía tal cual como la veía ahora, llena de olores viejos, polvo, pies sucios, un balón que sólo yo pateo… nada más. Sólo los sueños me distraen y me hacen sentir que vivir es lindo, pero, ¿por qué no puedo ser como lo que sueño? Lo que sé es que algún día seré más grande que cualquiera de mis deseos, pero mientras tanto iré a ver lo que estén dando en cartoon network.
Me senté en la mecedora, pero me desesperé, la brisa que entraba por la puerta chocaba contra las paredes y me ignoraba; decidí ir nuevamente a la parte de delante de la casa, donde estaba jugando antes. Vi las huellas de mis pies en el suelo, estaban dibujadas por un pequeño contorno de suciedad, miré la pared y sentí el silencio que me envolvía en sus brazos, luego miré el techo y me dejé llevar por el color blanco que parecía oscurecer cada día más; luego decidí pararme en medio del patio y miré al cielo, cerré los ojos y levanté los brazos, sentí la eterna soledad que se pasea por los pasillos de la casa. Sentí el borroso recuerdo de mis amigos que ya no están, sólo hacen parte de mi mente y juego con sus rostros, juego con esas imágenes que se aparecen sin que yo las llame; y aún así lloro porque no es suficiente soñar… es hermoso sentir una realidad que no existe, pero es horrible abrir los ojos y saber que ahora que estoy despierto, todo es tan crudo y simple, que los deseos en mi interior se reducen a una lágrima que se derrama por mis mejillas.
Tomé un hondo suspiro y miré mis manos sucias, ¡Sólo tengo diez años! ¿Por qué tengo que vivir esta desgracia? Los días son una eternidad aquí, mi vida es una pausa horrible. Pero no importa, algún día todo esto se irá, estoy seguro, algún día olvidaré todo esto y podré sonreír.
Me había cansado de estar de pie y me senté, luego escuché un ruido, era el portón de la entrada, alguien lo estaba abriendo; me levanté rápidamente y fui a ver. Las dos puertas gigantes se abrieron y vi la silueta de un hombre que me llenó de completa felicidad, hizo desaparecer todos los pensamientos que me atormentaban… era mi padre.
Juan Pablo Valderrama Pino.
Era mi madre, que desde la cocina escuchó el grito que pegué y me regañó por andar gritando como loco. Me sequé el sudor de mi frente y recogí el balón que se acercaba rebotando a mis pies; el público se desvaneció, el marcador de fue volando muy lejos, y el resto de jugadores regresaron a su lugar de origen: mi imaginación.
Pensé en ir a ver televisión un rato, pero miré nuevamente la pared y vi mis deseos plasmados en las conchas de pintura que se caían suavemente, parecían cabalgar sobre el viento. Me di cuenta que entonces la realidad se me aparecía tal cual como la veía ahora, llena de olores viejos, polvo, pies sucios, un balón que sólo yo pateo… nada más. Sólo los sueños me distraen y me hacen sentir que vivir es lindo, pero, ¿por qué no puedo ser como lo que sueño? Lo que sé es que algún día seré más grande que cualquiera de mis deseos, pero mientras tanto iré a ver lo que estén dando en cartoon network.
Me senté en la mecedora, pero me desesperé, la brisa que entraba por la puerta chocaba contra las paredes y me ignoraba; decidí ir nuevamente a la parte de delante de la casa, donde estaba jugando antes. Vi las huellas de mis pies en el suelo, estaban dibujadas por un pequeño contorno de suciedad, miré la pared y sentí el silencio que me envolvía en sus brazos, luego miré el techo y me dejé llevar por el color blanco que parecía oscurecer cada día más; luego decidí pararme en medio del patio y miré al cielo, cerré los ojos y levanté los brazos, sentí la eterna soledad que se pasea por los pasillos de la casa. Sentí el borroso recuerdo de mis amigos que ya no están, sólo hacen parte de mi mente y juego con sus rostros, juego con esas imágenes que se aparecen sin que yo las llame; y aún así lloro porque no es suficiente soñar… es hermoso sentir una realidad que no existe, pero es horrible abrir los ojos y saber que ahora que estoy despierto, todo es tan crudo y simple, que los deseos en mi interior se reducen a una lágrima que se derrama por mis mejillas.
Tomé un hondo suspiro y miré mis manos sucias, ¡Sólo tengo diez años! ¿Por qué tengo que vivir esta desgracia? Los días son una eternidad aquí, mi vida es una pausa horrible. Pero no importa, algún día todo esto se irá, estoy seguro, algún día olvidaré todo esto y podré sonreír.
Me había cansado de estar de pie y me senté, luego escuché un ruido, era el portón de la entrada, alguien lo estaba abriendo; me levanté rápidamente y fui a ver. Las dos puertas gigantes se abrieron y vi la silueta de un hombre que me llenó de completa felicidad, hizo desaparecer todos los pensamientos que me atormentaban… era mi padre.
Juan Pablo Valderrama Pino.
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