domingo, 3 de abril de 2011

Momentos de soledad.

Estaba viviendo el mejor partido de football del mundo, iba ganando con veintitrés goles de ventaja, no podían conmigo, ¡verdad que soy bueno! No han podido quitarme el balón, me acerco a la portería y pateo, el balón entra gloriosamente en el arco y grito gol con todas mis fuerzas… de repente, a lo lejos, escucho un sonido que es intruso a todo esto: “Juan Pablo, no grites”.

Era mi madre, que desde la cocina escuchó el grito que pegué y me regañó por andar gritando como loco. Me sequé el sudor de mi frente y recogí el balón que se acercaba rebotando a mis pies; el público se desvaneció, el marcador de fue volando muy lejos, y el resto de jugadores regresaron a su lugar de origen: mi imaginación.

Pensé en ir a ver televisión un rato, pero miré nuevamente la pared y vi mis deseos plasmados en las conchas de pintura que se caían suavemente, parecían cabalgar sobre el viento. Me di cuenta que entonces la realidad se me aparecía tal cual como la veía ahora, llena de olores viejos, polvo, pies sucios, un balón que sólo yo pateo… nada más. Sólo los sueños me distraen y me hacen sentir que vivir es lindo, pero, ¿por qué no puedo ser como lo que sueño? Lo que sé es que algún día seré más grande que cualquiera de mis deseos, pero mientras tanto iré a ver lo que estén dando en cartoon network.

Me senté en la mecedora, pero me desesperé, la brisa que entraba por la puerta chocaba contra las paredes y me ignoraba; decidí ir nuevamente a la parte de delante de la casa, donde estaba jugando antes. Vi las huellas de mis pies en el suelo, estaban dibujadas por un pequeño contorno de suciedad, miré la pared y sentí el silencio que me envolvía en sus brazos, luego miré el techo y me dejé llevar por el color blanco que parecía oscurecer cada día más; luego decidí pararme en medio del patio y miré al cielo, cerré los ojos y levanté los brazos, sentí la eterna soledad que se pasea por los pasillos de la casa. Sentí el borroso recuerdo de mis amigos que ya no están, sólo hacen parte de mi mente y juego con sus rostros, juego con esas imágenes que se aparecen sin que yo las llame; y aún así lloro porque no es suficiente soñar… es hermoso sentir una realidad que no existe, pero es horrible abrir los ojos y saber que ahora que estoy despierto, todo es tan crudo y simple, que los deseos en mi interior se reducen a una lágrima que se derrama por mis mejillas.

Tomé un hondo suspiro y miré mis manos sucias, ¡Sólo tengo diez años! ¿Por qué tengo que vivir esta desgracia? Los días son una eternidad aquí, mi vida es una pausa horrible. Pero no importa, algún día todo esto se irá, estoy seguro, algún día olvidaré todo esto y podré sonreír.

Me había cansado de estar de pie y me senté, luego escuché un ruido, era el portón de la entrada, alguien lo estaba abriendo; me levanté rápidamente y fui a ver. Las dos puertas gigantes se abrieron y vi la silueta de un hombre que me llenó de completa felicidad, hizo desaparecer todos los pensamientos que me atormentaban… era mi padre.





















Juan Pablo Valderrama Pino.

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