domingo, 4 de noviembre de 2012

Epifanía

Estamos muy cerca, puedo sentir los profundos latidos de tu corazón y tu aliento que impregna mi piel de tu aire. Nuestros ojos ya no se cruzan, están mezclados. Tus manos tiemblan levemente y te deslizas como un pequeño río que atraviesa el parque donde mis pesadillas parecen historias sin fin.


Luego desapareces y queda el rastro de tus labios en mi rostro. La noche se revuelve como un vómito ácido y desagradable. Miro la pared y cada grieta me grita e insulta… ¡pero no! Son sólo murmullos que salen de mi mente… ¡Soy yo mismo! Como si mi reflejo me gritara constantemente y sin espejo para verlo.


¿Qué sucede? El sueño se aleja de mí como una novia decepcionada que espera conocer a alguien que la llene de felicidad. Me quedo impertérrito ante la ventana, dejando que las horas pasen… bailan como niños traviesos que golpean todo a su alrededor.


Los recuerdos surgen y me embriagan con la tristeza. Se acerca la soledad y me abraza por la espalda. Miles de lágrimas comienzan a salir: ¡Hierven! y me queman sin piedad.


Me estrello contra tu epifanía en medio de todo el enredo de mi mente y me absorbes con tus brazos. Lloro como un niño sin saber qué es lo que siento.


Caigo de rodillas y nuevamente vienes y acaricias mi cabello… intentas decir algo pero no puedes decir nada porque ni siquiera estás aquí. No eres más que una imagen, una manifestación de este sentimiento… sólo eres un bello trazo de mi imaginación. Me hundes en la desesperación porque tus caricias se disuelven sin ser sentidas.


Caen gotas de lluvia dentro de mi cabeza… es una lenta tormenta que se extiende en la infinitud. Me olvido de las cosas que debí decir y me entrego al silencio.

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